"La función social de la máscara ha sido objeto de múltiples reflexiones antropológicas..." Una entrega más de El discurso del cómic, este mes de Abril hablaremos sobre la función de la máscara en el cómic.
La máscara y su función dentro del cómic
La función social de la máscara ha sido objeto de múltiples reflexiones antropológicas, siendo la más importante, según mi entender, la hecha por Claude Lévi-Strauss , pilar del estructuralismo, en su obra La vía de las máscaras. En filosofía, hasta donde yo conozco, el tema ha sido poco pensado: Nietzsche cuenta con algunos aforismos referentes al tema; Kierkegaard lo toca a modo de la función que guardan en su pensamiento los pseudónimos;[1] pero es sobretodo, el análisis del filósofo Mijail Bajtin.[2]
El siguiente texto, pretende, brevemente, reflexionar sobre la máscara en el cómic. ¿Cuál es la función de la máscara?, ¿Por qué los superhéroes y súpervillanos son adeptos a la máscara? Son algunas de las preguntas que buscan, sin ser definitorias las propuestas aquí presentadas, responderse.
La máscara, por lo general, es un objeto de diferentes materiales: cerámica, yeso, tela, etc., que se utiliza en el rostro, con la intención de cubrir a la cara del personaje. En el teatro griego, la máscara, el prôsopon, funge como un elemento teatral. La máscara, para los griegos, cubre el rostro de la persona, acentuando la dimensión de personaje. El actor griego pierde su dimensión persona para volverse personaje. Al momento de representar una obra, el actor deja de ser actor para volverse personaje. En el teatro actual, la máscara ha sido, en la mayoría de los casos, eliminada, pero no su simbolismo. Juan, por ejemplo, deja de ser Juan, persona, para convertirse en Hamlet, personaje. Esta teatralidad le otorga una serie de notas psicológicas, temporales, conductuales, que Juan, en tanto que persona, no posee. Por ejemplo, al convertirse en Hamlet, el atormentado príncipe de Dinamarca, Juan debe “vaciarse de sí” y reconfigurarse, “llenarse”, dentro de la esencia Hamlet. Debe hacer suyo el tormento existencial del príncipe, debe vivir la decisión del: “Ser o no ser…”.[3]
Al igual que lo que sucede con el actor de teatro, el superhéroe, al ponerse la máscara, se transforma, se llena de una esencia que como persona no contiene. Bruno Díaz (Bruce Wayne), al ponerse la máscara justiciera del murciélago deja de ser el playboy[4] multimillonario, para convertirse en el frío y racional detective. 
Mención aparte merecen los superhéroes y supervillanos que no utilizan máscaras; por ejemplo, el poderoso Thor o Superman[5], que han elegido otra estrategia: mimetizarse en la población humana, usando “la máscara” del hombre. Por ejemplo, Superman en la identidad de Clark Kent y la de Thor, en la más conocida a lo largo de su evolución en el cómic, el Dr. Donald Blake.
De momento, regresemos a la estructura clásica de la máscara. En la sociedad contemporánea, el enmascarado es motivo de desconfianza, la mayor parte del tiempo. Sin embargo, hay ocasiones, por ejemplo en las fiestas y más claramente, en el carnaval, donde la máscara juega un papel lúdico. Empero, la ocultación del rostro, incluso en el carnaval, puede pervertir al sujeto que la porta en cualquier momento. Lo pornográfico y lo festivo, en este caso caen en una lógica de la ambigüedad.[6] Esta ambigüedad es más que patente en el cómic, sobretodo en el realizado por Marvel Comics y poco a poco en el universo DC, a partir de la creación de la liga de la justicia.
El superhéroe es a la vez temido y amado. Spiderman y Batman representan mejor que nadie lo anterior. Un sector de la población los ama; el otro, en el mejor de los casos, tiene dudas respecto de ellos. Eta problemática encontrará su punto más álgido, en la saga de Marvel Comics, Guerra Civil (Civil War); mientras, en el universo DC, en la implementación del proyecto Cadmus. Cadmus es un proyecto de ingeniería genética, creado con el propósito de crear superhéroes al servicio del gobierno con la finalidad de detener a la Liga de la Justicia si ésta en algún momento decide dominar el mundo. Guerra Civil, por su parte, muestra una disociación entre los personajes del universo Marvel. La cuestión aquí está en aceptar el registro de identidad, con la consecuencia de ponerse al servicio de la organización S.H.I.E.L.D., por parte de humanos con súperpoderes. El hombre de hierro (Iron Man) y Capitán América son los líderes de ambos bandos. El primero, pro-registro. Partidarios de éste están: Reed Richards (El señor fantástico, líder de los Cuatro Fantásticos); el Dr. Henry Pym (Hombre hormiga); y, en un primer momento, un recién desenmascarado Peter Parker(El hombre araña: Spiderman). Por el otro bando, tenemos a Steve Rogeres (Capitán América), Michael M. Murdock (El hombre sin miedo: Daredevil) y Samuel Thomas (Halcón:Falcon).
La figura clásica del héroe, respetado y querido, pasa a ser ambigua. El héroe se vuelve anti-héroe. Incluso Superman ha de padecer, poco a poco, esta transformación.
La máscara, por lo tanto, busca definir al héroe, en virtud de unas posibilidades y características que la persona no tiene en tanto miembro del tejido social. Sin embargo, la máscara tiene una dimensión social con su propia dinámica: la ambigüedad. Los superhéroes son admirados y temidos, en virtud de esta ambigüedad; pero fascinantes y seductores en virtud de su diferencia.
Una reflexón sobre aquellos superhéroes y villanos que no usan máscara, será presentada en una entrega posterior.
Texto: Dr. Johannes Von Doom.
[1]Cf. Francesc Rosalba Torrelló, Kierkegaard y el laberinto de las máscaras, Fundación Emmanuel Mounier, Salamanca.
[2]Cf. John Lechte, 50 pensadores contemporanéos esenciales, Cátedra, Madrid, 2010.
[3]Cf. William Shakespeare, “Hamlet”, acto tercero, escena primera en Obras completas, Aguilar,México, 1991, p. 248.
[4]Sobre el connotado “Playboy” Vid: Beatriz Preciado, Pornotopía: Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría, Anagrama, Barcelona, 2010.
[5]“Es interesante ( y ha sido objeto de numerosos análisis) el hecho de que mientras para otros superhéroes, su máscara es el personaje (Batman, Flash, Daredevil, etc.), para Superman la faceta humana es su careta[…]”. Juan Scaliter, La ciencia de los superhéroes. Los poderes y proezas de héroes, antihéroes y villanos y las leyes de la física, Robinbook, Barcelona, 2011, p. 17.
[6] Cf. John Lechte, op.cit., pp. 53-54.
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Mohamed
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