Dic
07

Evaluación del discurso: Calderón y la delincuencia organizada en las campañas

Categorias: E-lecciones 2012, Política Mexicana

Evaluación del discurso: Calderón y la delincuencia organizada en las campañas
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El Presidente Felipe Calderón da un mensaje en el homenaje a Panistas muertos en su gobierno y habla del crimen organizado en las campañas electorales en México


 

Muy buenas noches, amigas y amigos.

Qué emotiva ceremonia. Sé que no podía ser distinta. Quizá por eso tenía cierta incertidumbre y duda de venir, porque, efectivamente, es extraordinariamente emocionante para todos, pero créanme que para mí en lo particular.

Primero, déjenme saludarlos a todos ustedes.

A Gustavo Madero, Presidente Nacional del PAN.

A Pepe González Morfín, Presidente del Senado.

A nuestras queridas amigas, a Gloria, Adriana, a Carmelita, a sus familiares, a sus amigos, de todos: de José Francisco Blake, de Ricardo Guzmán, de Felipe Zamora, de José Alfredo García Medina, de Diana.

A todos ustedes, amigas y amigos de Acción Nacional.

Queridos compañeros, colaboradores.

Distinguidos invitados especiales.

Amigas y amigos de los medios.

Amigos todos:

Evidentemente, hoy estamos aquí para rendirle tributo a cinco mexicanos excepcionales; cinco muy queridos compañeros de Acción Nacional, que perdieron la vida en circunstancias trágicas todos ellos, el mes pasado.

Obviamente, su muerte nos ha llenado de luto, de dolor, a sus familias, también a sus amigos, al PAN y a la Nación entera.

Y estamos aquí, precisamente, para honrarlos y hacer que su memoria se preserve por siempre. Honrar la vida ejemplar que cada uno nos brindó magistralmente, pienso, en su vida, en su existencia con nosotros. Evocar la memoria de todos ellos: de José Francisco, de Ricardo, de Felipe, de José Alfredo y de Diana.

La clave, amigas y amigos, es que ellos creían lo que nosotros creemos: Creían en un México diferente, en el que la política sirviera como instrumento para cambiar al ser humano. Creían, finalmente, lo que la política debe ser: la política debe ser un acto de amor a los demás.

Y eso, finalmente, a todos ellos, en mayor o menor medida, los llevó a entregarse a plenitud, sin regateos, sin mezquindades, tan frecuentes, hoy en día, en todas partes. En la política.

Todos ellos eran jóvenes, todos ellos idealistas, llenos de principios, llenos de entusiasmo, llenos de talentos, llenos de virtudes. Y todos actores cruciales, que se lanzaron a transformar a México y se lanzaron con la limpieza de las almas generosas, con la fuerza de su juventud, con el arrojo audaz de sus corazones extraordinarios, que tuve el privilegio de conocerlos, los de todos ellos. Y se arrojaron a participar aquí, en este proyecto de país, que es Acción Nacional.

Por eso, agradezco que el partido celebre este homenaje, porque ellos honraron siempre su vocación política. Siempre honraron el servicio público con valores, con dedicación total y con profundo amor a la Patria.

Y, precisamente, por ser auténticos y buenos panistas, nunca confundieron, por cierto, la labor del servicio público con la actividad meramente partidista.

Si algo fueron, fue gente recta, inquebrantable, que siempre entendió la supremacía del interés nacional, sobre el interés, incluso, del partido.

En la casa del PAN hoy los recordamos con cariño, con aprecio, con tristeza, porque son lo que decía don Efraín González Luna: Son compañeros y amigos. Así decía don Efra, así eran sus vocativos en todos sus discursos. Y eso eran de mí ellos, compañeros y amigos.

Tristemente nos han dejado, como han dicho quienes nos han precedido, como dijo Juan Marcos, en el mejor momento de su vida. Todos ellos, cuando contribuían a la casa común, que es la Patria, con generosidad y con nobleza, con una entrega, y déjenme decirles que con alegría.

Con todos ellos compartimos el anhelo de construir un México mejor que apoye a las familias más necesitadas, un México solidario que estuviera con los que enfrentaban los mayores sufrimientos.

Con ellos, también, luchamos por un México seguro, a brazo partido por un México seguro, un México en paz y un México de prosperidad.

Y, desde luego, nuestro empeño por transformar a México, por hacer valer el proyecto de Acción Nacional, ciertamente nos encontramos grandes obstáculos, adversidades tremendas, que a muchos, o a muchas, que no tuvieran los principios, las convicciones, el carácter, el talante que tenían ellos, los hicieron o los hubieran hecho flaquear o desfallecer.

A estos jóvenes amigos, a quienes honramos hoy, a ellos definitivamente no.

Dice una carta de Pedro que quienes carecen de principios y valores son como nubes sin agua, que son llevadas de aquí para allá. Pero ellos, amigas y amigos, fueron nubes cargadas de agua en la sequía desoladora de la falta de principios y de escrúpulos, que se padece por décadas en México, en la política.

Por eso fueron tan fecundos, por eso generaron tanta riqueza, construyeron tanto bien y dieron tanta alegría a quienes los rodeamos.

Por eso, en Acción Nacional, antepusieron, como se les enseñó, me atrevo a decir, también, como les enseñamos, los principios y valores que fueron, precisamente, la coraza y la espada que nos permite abrirnos paso en las circunstancias inciertas y en momentos de adversidad y de tristeza.

Y son nuestros compañeros, sin duda, ejemplo de personas muy fuertes, que nos dieron una muestra de congruencia entre su decir y su actuar. Esa es la clave de la vida, amigas y amigos.

Carlos Castillo bromeaba y decía, respecto de quienes decían o defendían la libertad de pensamiento: Está bien que haya libertad de pensamiento, pero es irrelevante mientras no digas lo que estás pensando. Y pasaba, los que decían que defendían la libertad de expresión: Está bien que defiendas lo que digas, mientras no hagas lo que dices.

Y, efectivamente, la mayor incongruencia y tan común, amigas y amigos, es esa distancia enorme, abismal, entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

Por eso, para ellos, cabe, precisamente, el honor que merecen los muy pocos que son capaces de llevar sus actos a la altura de sus ideas.

A pesar de su juventud, ya entrados algunos en los 40, pero, obviamente, muy jóvenes, fueron un faro y una guía para otros, y nunca dejaron al lado la ética, las convicciones, los valores y otra cosa muy importante que ahora que escucho estos mensajes era común a todos, era la alegría. Servir a México con honor, como también, lo predicamos una y otra vez.

Tuve la oportunidad de compartir con varios de ellos esta idea, que en el PAN aprendimos que la política es un instrumento para servir a los demás; que servir a México es un honor, pero servir a México en horas de dificultad, como las que nos han tocado, es un honor y un privilegio incalculable.

Y ese es, precisamente, el espíritu que tenían nuestros queridos compañeros y amigos, un espíritu noble, un espíritu de generosidad, un espíritu de servicio a México y a los mexicanos.

A Diana tuve poca oportunidad de conocerla. Siempre la vi diligente alrededor de ese equipo que llegó con Blake y con los, digámoslo así, los tijuanos, en general.

Pero, sobre todo, de Diana, que siempre la vi diligente y discreta. Lo que más aprendí fue de su madre, precisamente, el día que fallecieron, porque su mamá me colmó de bendiciones. Una mujer creyente, como lo era Diana, fuertemente creyente y que, sin duda alguna, el consuelo de la fe y la paz son simples reflejos de la grandeza del espíritu, del que tenía Diana y del irradió e iluminó a todo su equipo y empezando por el propio José Francisco, a quienes, sin duda alguna, los colmó de esa serenidad y paz de la gente de fe.

A todos, amigas y amigos, los conocí. Me gustó mucho lo que se expresó aquí de José Alfredo García. Esta idea de los muchachos nacidos en Cartolandia en Tijuana, en esas colonias y en esos barrios de pendientes y de calles polvorientas, sin pavimento y sin agua. Esos muchachos que son la paradoja perfecta del estereotipo, no quiero decir malas palabras, pero del estereotipo banal, absurdo, que le ponen al panista, el rico y el poderoso.

Yo quisiera que vieran todos ellos lo que fueron estos muchachos cuando yo los conocí. En aquellos tiempos de la Tijuana, de Rosas Magallón, en aquellos tiempos de la Tijuana, ya más cerquita para acá, de León Ramos y compañía. Esos muchachos bragados, salidos de las colonias, llenos de ideales y de ilusiones por Tijuana y por Baja California.

Yo por esas épocas conocí a Blake o como le decíamos, no sólo le decíamos Blake, sino le decíamos: El Blake.

Como conocí, entonces, a muchos de ellos, a Juan Marcos, a su hermano Carlos, a Jorge Ramos, a Cuauhtémoc, y a muchos, muchos otros. Recuerdo poco tiempo después que. Desde luego, José Alfredo, cuando destacaba, precisamente, como un gran periodista. Miren que decir gran periodista en Tijuana es decir palabras mayores. Una ciudad hecha a partir de un espíritu de una gente combativa.

José Alfredo que, como bien se dijo aquí, le decíamos el Tijuano, por obvías razones, siempre fue un muchacho simpático, carismático, alegre. De hecho, es muy sorprende ver, por ejemplo, como nuestros compañeros de la fuente, que acompaña a la Presidencia de la República en todas las giras, lo recuerdan y lo extrañan. Siempre tenía una palabra de afecto, una palabra de amistad, una palabra de alegría para todos.

Y nada más de verlo, sus ojos claros, su rostro limpio, su sonrisa franca, a veces socarrona, generaba mucha paz, José Alfredo.

Para mí es muy difícil, muy doloroso, amigas y amigos, que he visto integrarse sólidos equipos en la Secretaría de Gobernación, como fue con Juan Camilo y como fue con Blake, y, también, desaparecer de un momento a otro. Es muy, muy difícil para mí el poderlos recordar y vivir a todos en ese momento. Pero ahora que se han ido, qué bueno que no cabe duda en ninguno, de la enorme capacidad y el enorme talento que ellos tenían.

Allá, en Tijuana, precisamente, José Alfredo, pasó a engrosar las filas del PAN, cosa que no era difícil, porque eran tan delgadas, que cualquier nueva incorporación engrosaba las filas. Los recuerdo a ellos sentados, todos en un estacionamiento ahí, de ese centro comercial horrible, donde estaba el Comité Municipal de Tijuana y donde se hacían las reuniones, precisamente, a la luz de la luna, no por otra cosa, sino no había donde más se pudieran hacer las reuniones.

Y recuerdo a los muchachos bien cuestionados, por aquellas épocas difíciles de los dilemas éticos del PAN. Era el 88, en Baja California habíamos perdido rotundamente esa elección y, entonces, se cuestionaba al partido y a sus dirigentes en los temas del foro democrático y las traiciones a la doctrina, y tantas cosas que, desde la ambición por el poder, se decían. Y a mí me tocaba aclarar, contestar, dilucidar, precisar, de lo que ellos decían.

También en aquellas tertulias, muy animadas, por cierto, también ahí aprendí un poco más de lo que yo había escuchado de mi padre, hablando del panismo de Tijuana, desde los tiempos de Rosas Magallón. Y oír embelesados los muchachos, muchos más jóvenes que yo, y embelesado yo también, las historias de ese panismo tijuanense.

De mi padre recuerdo que cuando vino aquél fraude en los 50, 59, contra Rosas Magallón, y que hizo aquella histórica caminata por La Rumorosa, y que se venía por el desierto hasta la Ciudad de México, hubo un movimiento muy, muy fuerte de gente que definitivamente sí pensó que estaba cerrada la puerta de la paz, y que había que iniciar la puerta de la ruptura violenta de un régimen autocrático.

Alguno de ellos, y no digo nombres, jóvenes de aquél tiempo en los 50, llegaron a poner alguna bolsa con pólvora en la estación del tren. Las fuerzas de inteligencia del Gobierno, entonces, rápidamente los ubicaron y acabaron con ellos.

Y sólo algunos, un par de muchachos, ante su padre, avergonzado por lo que habían hecho, muchachos de 15 y 16 años, panistas, le dio una pistola a cada uno y los despidió de su casa. Les dice: Ustedes no pueden estar aquí, pero tampoco puedo permitir que vengan a matarlos.

Y se fueron. Los dos hermanos cruzaron y como pudieron llegaron a la Ciudad de México, y como pudieron contactaron a los panistas de entonces, y en el trayecto, cuando llegaron a México, se enteraron que su padre había fallecido de pena.

Tiempo después volvería uno de ellos y sería un incipiente dirigente, a cuya sombra y a cuyo pelo blanco escuchaban los jóvenes las anécdotas de lo mucho que había costado la democracia para el país.

Por ahí andaban ellos. Por ahí andaban, los tijuanos, unos más grandes, otros más chicos, y por ahí andaba yo también, con este grupo, con el cual me identifiqué plenamente.

José Alfredo fue un excelente colaborador en mi Campaña Presidencial. Hábil, buen comunicador, paciente, sobre todo, lo fue después, en la Presidencia de la República, y como se dijo aquí: Si el Talón de Aquiles que tenemos es la comunicación, vaya que estos muchachos, como Monti, en su tiempo, como decía Juan Camilo, nos están haciendo muchísima falta.

De mi tocayo Felipe, Felipe Zamora, qué les puedo decir. Primero, se llamaba como yo, porque seguramente estaba encomendado al mismo santo, al primer santo mexicano, como nuestros respectivos padres, orgullosamente nombraron a muchos de nosotros, que nacimos por aquellas épocas, en la década de los 60.

Esteban Zamora, aquí presente, por cierto un gran periodista, estimados amigos del PAN, ahora que andamos, precisamente tan cojos en eso, tenemos que provechar ciertas experiencias.

Esteban Zamora, un alma del PAN, como don Luis, querido aquí, presente, y a quien saludo también con cariño. Recuerdo que en algún Consejo Nacional, que yo estaba defendiendo a don Luis, literalmente a capa y espada, contra los contras de entonces, que siempre los hay, me llamó, porque efectivamente yo era muy chico. Yo todavía no era consejero, me acuerdo que fue en una asamblea todavía, en que pedí la palabra, en aquellas asambleas que uno pedía la palabra, y se lanzaba con todo, con lo que se pudiera, y se había dicho que el proyecto del plataforma que se presentaba era incoloro, inodoro e insípido, y finalmente, la Asamblea votó porque se regresara a comisión.

Esteban Zamora me dijo alguna vez: El niño artillero, y efectivamente, yo era un niño y un artillero desordenado, ciertamente, pero cuando fui conociendo a mi tocayo Felipe que era un niño, yo no sé si de la edad de Luis Felipe su hijo, yo creo que más grande, aquí presente, Luis Felipe. Más grande, pero igualmente vivaracho e inquieto.

Me dice que no. El Niño Artillero es el que tiene Esteban Zamora y, efectivamente, puntual como su padre, de frases contundentes como esa que citó Pepe Espina, abogado de profesión con política por vocación. Esas frases definitorias y contundentes de mi tocayo.

Cuando Felipe se vino a México y se metió a la Libre de Derecho, y metió a la juvenil. Imagínense ustedes cómo me sentía yo. Francamente, nunca lo dije. Esa es una lección para la vida, siempre hay que decir las cosas, como dijo el poeta, en vida.

Yo veía en Felipe Zamora, en buena parte, a alguien muy parecido a mí. Que se llamaba como yo, que estudió donde yo estudié, estaba en el juvenil, que su papá era panista y que era un hombre de principios y valores y arrojado como pocos, a defenderlos.

Entonces. Aquí conectan las cosas un poco con Blake. Cuando yo era Diputado y Coordinador de los diputados, cuando vino aquel asunto del desafuero de los petroleros de Romero Deschamps, que era Diputado nuestro ahí, batallamos e hicimos y ganamos la mitad de la Sección instructora, que así decía la ley. Y entonces, yo nombré como integrante y abogados de la Sección Instructora, precisamente, a José Francisco Blake y a Cuauhtémoc Cardona.

Y en la búsqueda de escuderos, precisamente, en esa terrible batalla que libramos, a quién buscamos. Hay un muchacho ahí del PAN y le digo, me dijo Blake, precisamente: No, ese es muy bueno. Era Felipe Zamora. Y entró ahí a la Comisión Instructora.

Esas fueron épocas muy difíciles. Tuvimos que hacer de todo para pasar este trago político. Finalmente, la Comisión Instructora declaró el desafuero y ya luego el pleno, actuó como suelen actuar los plenos en la Cámara de Diputados. En fin. Mejor no digo nada, para no entrar en honduras. El hecho es que ahí se engarzaron estas vidas.

Y yo a Felipe, la verdad lo extraño mucho porque, caray, tanta faltan que nos hacen esos jóvenes con convicciones, con principios, capaces, buenos abogados, y ahora que se nos haya ido, me duele, me duele muchísimo.

Vi una foto en el periódico, que no sé quién la haya pasado, pero me dio gusto ver a Felipe en su última foto, que está parado junto al helicóptero, estaba muy contento y orgulloso él, y traía una camisa chiapaneca de esas bordadas, que yo uso, y que a él le gustaban mucho, también, mis camisas. Y hasta en eso, dije, hasta en eso tocayo, hasta en eso nos parecimos.

A Felipe lo vamos a extrañar muchísimo. Le va a ser mucho falta al partido y ojalá este partido se ocupe de formar jóvenes como él, fraguados en los principios y valores, y recuerde que eso es más importante que muchas tonterías de las cuales solemos ocuparnos todos los días.

Quiero hablar de Ricardo, especialmente, y saludar a Carmelita con muchísimo cariño. Recordarlo con emoción en este homenaje a mi paisano y amigo Ricardo Guzmán, Alcalde del Municipio de La Piedad.

Ya el Presidente Electo, Hugo Anaya, que fue, además, muy cercano colaborador de él. Dónde estás Hugo. Nos relató lo puntual que era Ricardo para el trabajo. Era, verdaderamente, una máquina de trabajar.

Y para hablar esto de los recursos que venía a conseguir a la Ciudad de México, era implacable. Prácticamente mis Secretarios se tiraban pecho a tierra porque venía el Alcalde de La Piedad.

Y la verdad hizo una gran gestión por La Piedad, municipio que recibió, desde hace rato que tiene unos problemas de deuda importantes, no tan grandes como los que están saliendo ahora en diversas entidades de la República.

Pero Ricardo era un hombre muy querido en La Piedad y muy querido por mí. Su Twitter, su Avatar, aparecía una foto en la que estamos juntos, y siempre estuvo contento por eso.

Y yo fui a La Piedad e inauguramos el Libramiento de La Piedad, por un lado, y el Libramiento de La Piedad, por el otro, y apoyamos con recursos, y llevé al astronauta José Hernández a La Piedad. En fin. Hicimos muchas cosas con Ricardo, porque era un gran piedadense.

Y lo vamos a extrañar mucho, también, porque fue un hombre de gran servicio público. Aquí, sin embargo, amigas y amigos, yo quiero hacer una diferencia. Ciertamente, los hombres más cercanos a mí, porque convivía con ellos, prácticamente a diario, especialmente con Blake, son los que fallecieron en el helicóptero. Pero aquí no podemos, ni debemos confundir las cosas.

Ellos fallecieron por un accidente, pero Ricardo fue asesinado. Ricardo fue asesinado por los criminales y hay una diferencia fundamental, él es un mártir al servicio de los demás, es una muerte que está impune. Él es un héroe y un mártir que defendió a su comunidad y que no podemos decir, simplemente, murió Ricardo.

Porque no es así. Porque ahí hay un problema grave que está afectando a su querida Piedad y que está afectando a nuestro querido Estado Michoacán, y que es una presencia criminal que lo asesinó.

Y no es casual que Ricardo, en un día libre, por cierto, que haya estado repartiendo propaganda del PAN en favor de una campaña política y ahí lo asesinaron. Y no es casual, tampoco, que días después, el pleno día de la elección, hubiera ocurrido un hecho inédito en la vida política del país y probablemente del mundo; que los criminales, probablemente los que lo asesinaron, publican un desplegado en el periódico de mayor circulación, el AM de La Piedad, donde amenazan a la gente de que si vota por el PAN, la van a matar, y que ni siquiera salgan vestidos de azul para no confundirlos. Ese es un hecho inédito, amigas y amigos, un hecho reprobable, una amenaza, no sólo para el PAN, para la democracia, que no puede ganarse el silencio, cómplice de muchos.

No es una muerte que se haya registrado por la fatalidad de un accidente. Es un asesinato y es un atentado contra la democracia misma.

Por eso digo, amigas y amigos, que no podemos obviar eso.

No podemos obviar las amenazas que Ricardo había recibido, no podemos obviar, tampoco, el desplegado que el día de la elección los criminales publican, amenazando a la gente para que no vote por el PAN. No podemos obviar las amenazas, porque siguen en su familia, y probablemente sigan en las propias autoridades electas.

Y te quiero decir, Carmelita, que no te voy a dejar, y que voy a estar contigo y con tu familia, protegiéndoles, con todo lo que yo pueda protegerles.

Ahora bien, amigos, y lo mismo le digo a las autoridades electas de La Piedad. Que no desfallezcan, que no se dejen, y que tenemos que protegernos entre todos y, desde luego, que esa es una afrenta para el pueblo de México, que no puede quedar así como así.

Por eso, además del mucho cariño que tenemos por Ricardo; de la vida ejemplar que llevó, como líder piedadense, sí es importante decir cómo murió, porque México no puede olvidar eso. Porque no podemos permitir, que a quien les interesa decir, eso pasó así nada más, ganen y digan que aquí no pasa nada. Aquí sí está pasando algo muy grave, señores, que es la presencia del crimen organizado en las elecciones, la intervención del crimen organizado en las elecciones.

Y nos dicen: pruebas. Ahí está la prueba. Ahí está el desplegado, publicado a plana entera, circulado a plena luz del día, en el periódico de mayor circulación. Alguien quiere otra prueba más palmaria y más fehaciente. Ahí está ese desplegado amenazando a los ciudadanos de votar por el PAN, a días de que han asesinado a nuestro Alcalde, en plena campaña.

Alguien quiere otra prueba. Hay algún abogado que cuestione que eso fue una prueba de la intervención del crimen organizado en las elecciones.

Otra cosa será dilucidar si eso fue determinante, o no. Pero de suyo la sola intervención es grave y además en una elección tan cerrada. Habrá que ver, precisamente, qué es lo que ocurrió ahí.

No hablo ni de la elección de La Piedad misma, que finalmente el pueblo con su miedo y con las amenazas a cuestas, salió a votar y ganó contundentemente, no con la diferencia que hubiera ganado, porque mucha gente sí se intimidó.

Y me refiero sólo a Michoacán, ni al caso, finalmente, de mi hermana, sea candidato o no. Me refiero a la amenaza, que para la vida del país significa la presencia del crimen organizado.

Y La Piedad es una prueba y el homicidio de Ricardo, también. Y pienso también, amigas y amigos, que no podemos quedarnos callados y lo digo en plural. Yo, como Presidente de la República, no puedo quedarme callado ante eso. He sido prudente, he tratado de ser sensato, pero no puedo quedarme callado ante algo tan grave que ocurre.

Y le digo y le pido, y le exijo al PAN que tampoco se quede callado el PAN ante algo que ocurre tan gravemente en el país.

Y también le digo al resto de los partidos políticos que tampoco se pueden quedar callados ante algo tan grave que está ocurriendo en el país. Nadie puede quedar como omiso o silente, ante algo que es verdaderamente amenazador para la vida democrática mexicana.

Antes los viejos nos contaban que amenazaban a la gente con quitarle los apoyos, que amenazaban a la gente que si votaban por el PAN le quitaban el trabajo. Hoy amenazan a la gente que si votan por el PAN le quitan la vida. Y eso, amigos, no puede ser, ni se puede tolerar, ni puede pasar como un episodio que ocurrió. Es una amenaza real ahora.

Y ya. Yo me pregunto, por qué no reacciona la sociedad ante ello. Tiene que reaccionar la sociedad. Tienen que reaccionar los partidos. Tienen que reaccionar los partidos. Tienen que reaccionar los Diputados de todos los partidos; los Senadores, tiene que reaccionar el partido, también, una y otra y otra vez, diariamente, martillar, martillar esa verdad hasta que quede clara y contundentemente plasmada en la conciencia nacional.

A quién beneficia la acción de los criminales, y a quién perjudica. Es una pregunta clave para el país, que el país tiene que responder. Por lo pronto, ya sabemos a quién perjudica. Perjudica al PAN, perjudica a sus mejores alcaldes, el mejor Alcalde que hayamos tenido, Ricardo, y perjudica al pueblo de México.

Y la pregunta a quién beneficia, también, tiene que ser respondida.

Por eso, amigas y amigos, tenemos que hacer de la causa de Ricardo una causa nacional, y tenemos que obligar a que el pueblo de México no deje avanzar más la sombra del crimen organizado sobre la vida pública y menos, sobre la vida política y electoral del país.

No podemos guardar silencio. Todo el que tenga voz, en el partido, en el Congreso, en el Senado, en los Congresos locales, en las dirigencias estatales, en los medios, todo el que tenga voz, tiene que alzarla para parar esta amenaza.

Yo recuerdo un verso de Bertolt Brecht, que parafraseaba a su manera, de manera más corta a Javier Sicilia, pero yo lo voy a citar aquí, porque, insisto, no puede, por la memoria de Ricardo, seguirse, simplemente, un silencio:

Cuando los nazis vinieron por los comunistas guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.

Y Ricardo no era ni socialdemócrata, ni sindicalista, era uno de los nuestros. Era panista, como Edelmiro era panista y como muchos que han perdido la vida. Por eso, amigas y amigos, yo pido que no permitamos que aquí gane la sombra del silencio. Que aquí recordemos a México a voz en cuello y hasta que la voz se nos acabe de qué estamos hablando y qué amenaza estamos enfrentando.

Finalmente, y perdón que siempre me extienda. Quiero hablar, obviamente, de José Francisco Blake, de quien, verdaderamente, ahora sí me ha costado mucho trabajo despedirme. Como ya les platiqué, a Blake, también, lo conocí en Tijuana, en aquellos tiempos duros. Lo conocí cuando estuvo en el cabildo de los Osuna, primero de Héctor y luego de Guadalupe Osuna. Y más a fondo lo conocí ya cuando Blake fue Diputado Federal, en el 2000, y cuando coincidimos ahí en la Cámara de Diputados.

Y era un hombre alegre. Yo me quiero acordar de Blake así. Es un hombre alegre, como me acuerdo así de Juan Camilo, también, paradójicamente, mis dos Secretarios de Gobernación que han fallecido, fueron inteligentes, honestos y alegres. Un hombre trabajador, como pocos.

Blake es el Secretario, por ejemplo, que se sentaba más horas que cualquier otro, después de haber terminado una jornada extenuante y de oír, como suele oírse en política, de todo, verdades, mentiras y tonterías.

Se quedaba todavía en su escritorio a revisar papeles. Era un abogado meticuloso. Era alguien que revisaba los argumentos por un lado y por otro. Y era un político audaz, no quiero decir astuto porque, también, aprendí de Carlos Castillo que la astucia es, en realidad, un vicio, pero la virtud es la perspicacia. Blake era un político perspicaz, un auténtico lobo de mar.

De origen muy humilde. Una humildad, además, que a nadie le ocultaba ni le importaba. Era su orgullo y el mío, también. Nacido en esa calle polvorienta de Tijuana. Él y sus hermanos, alguna vez, jardineros.

Y, además, de anécdotas familiares que contaba con una gran alegría y con una gran sencillez, y con una pureza de alma, que yo creo que siempre envidiaré. Por ejemplo, contaba alguna vez, que de niño él quería un pollito, y los veía en el tianguis ahí de Tijuana. Y que la abuela, no sé si la materna o la paterna, lo llevó un día a comprar el pollito.

Y, efectivamente, iba Blake muy contento con su pollito a su casa y le hizo un corralito, y estaba contento con el pollito, hasta que el pollito creció, y un día que regresó de la escuela, la abuela, con mucho cariño, se lo había cocinado.

Se reía Blake con esa carcajada ancha que lo hacía echarse para atrás, una carcajada sonora que nos iluminaba el día a todos.

Para para no decir misterio, tampoco que, cuando la ocasión lo ameritaba, y se llegaba al punto de las convicciones, Blake era solícito y conseguía, a como diera lugar, un taca-taca, entonces una pequeña, un tambor, muy fronterizo, digámoslo así, o algún guitarrita desafinada, en fin, y cantaba sus mejores canciones, una que le gustaba, tocar el tema, El Asesino; y otra que la cantaba él mismo, que tenía un arreglo político en la letra, que yo no puedo citar aquí, pero que era Guadalajara en un Llano, México en una Laguna, y me he de Comer esa Tuna, aunque me Espine la Mano, y se refería, precisamente, a la gubernatura de Baja California, de Lupillo.

Era un hombre inteligente, un hombre sabio, un hombre sencillo y, además, muy, muy alegre, que a mí me llenaba la vida totalmente. Ciertamente, a mí nunca me invitaron a pescar, seguramente, porque si nos hubiera pasado eso, les hubiera puesto una regañiza, entonces, dijeron, mejor no lo invitamos, pero, en fin.

Y el otro día, le comenté a Margarita, un día que nos despertamos. El otro día soñé con él: Y que íbamos en un coche, y él iba manejando. Era una calle muy estrecha, hagan de cuenta como si fuera una mezcla entre Taxco y Las Brisas, de subida, y las paredes, y había que dar vuelta a la izquierda ahí, realmente no pudo, se echó en reversa, y yo le dije algo así, en diagonal o en reversa, Blake. No, es que yo no entiendo todo estos terminados, allá chilangos, y de los ultrarrojos y de los ultra. Y yo me raía con él.

Cómo no, tú también sabes perfectamente que eran los rojos y los magallones. Jaa, y se reía totalmente el así, y digo, con esa carcajada franca, que lo hacía echarse para atrás y mostrarte el rostro. Y ya después de reírnos mucho, mucho, en ese sueño, yo lo tomaba del hombro y le decía: Te me andabas muriendo Blake. Y, entonces, desperté. Y, la verdad, amigos, que de ellos sólo tengo gratitud.

No tengo la menor duda de que están, desde luego, donde Dios pone a la gente buena. Pero en cualquier caso, más allá de la esperanza de verlos nuevamente algún día.

Lo que hay que hacer con ellos aquí, en la tierra, es simplemente imitarlos. Este partido, tan ávido ahora de ejemplos y de testimonios, es importante que los haga suyos. Todos esos jóvenes, todos esos militantes, todos esos aspirantes a Delegado, a Diputado. Cuánta falta hace que abreven en el testimonio de estos valientes.

En el de Ricardo, el mejor Alcalde. En el de Felipe, el joven panista defensor de los principios y doctrinas del PAN, empezando por el de la vida, el que a veces tanta avergüenza da defenderlo. A él no le daba vergüenza y lo defendía con lucidez y, verdaderamente, ponía en ridículo a sus adversarios argumentales.

Y, desde luego, a José Alfredo, a la propia Diana, un ejemplo de mujer al servicio de México, discreta, servicial. Y, desde luego, al gran Blake, que como escribiera un gran periodista mexicano, dijo: Por él no dábamos ni un cacahuate y resultó ser lo mejor del calderonismo. Yo creo que sí.

Termino, amigas y amigos, diciendo que, obviamente, lo mejor que podemos hacer es seguirlos, honrar su memoria, estar muy alegres de ellos.

A mí me han reprochado, no falta quien quiera que me lastiman diciéndomelo, que mi pecado es tener amigos entre mis colaboradores. Y la verdad, es que es una pena que sólo cuando fallecen, haya el mínimo decoro de reconocerles sus amplísimos talentos.

A Blake me lo criticaron mucho porque era un provinciano. Que qué iba a hacer un tijuanense en la Secretaría de Gobernación, llena de hombres y nombres pomposos. Y, sin embargo, lo nombré ahí por su gran capacidad y por su gran lealtad, y sí, también, porque era alguien cercano a mí, y porque sólo quien está en esta responsabilidad entiende la importancia no sólo de la capacidad, sino de la lealtad.

Y leal y capaz, si hay alguno, fue José Francisco Blake. Por eso, para mí es un honor que me digan que Blake era mi amigo, y que yo era amigo de él. Eso me honra más, eso me hace más grande.

Y aprovecho, también, amigas y amigos, para decirles a todos que, como duele mucho perder a los amigos, me ha tocado ya perder muchos; a Carlos, a Juan Camilo, a Blake, a Felipe, a muchos otros, yo quiero decirles a los amigos que, independientemente de cómo soy yo, que saben cómo soy, y como decía Carlos: De mis defectos no soy beneficiario, sino víctima, a todos los amigos que tengo, de uno u otro lado del país, de una u otra generación, de uno u otro momento de vida pública, del partido, de la Patria, les quiero decir a todos mis amigos lo que me hubiera gustado decirles, y que sí le dije a Blake, afortunadamente pude decírselo en vida, pero que les digo ahora otra vez, y se los diré siempre, que los quiero mucho, que les agradezco enormemente su amistad.

Y que en esta brega, en esta tarea de servir a México vamos a seguir al frente y vamos a seguir como ellos, hasta el último momento de la vida, y que el último aliento nos sorprenda sirviendo a México con la convicción, con los principios, con el arrojo, con la audacia, con la inteligencia y con la alegría que todos nuestros amigos, hoy, homenajeados, sirvieron a México.

Muchas gracias.
TEXTO ÍNTEGRO EN: www.eluniversal.com.mx

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