Se murió. No es que sea novedad en nadie, pero a él le ocurrió a los 58 años y en la cúspide del poder en Venezuela. Un cáncer con una metástasis tan invasiva que literalmente se lo comió. Las reacciones exacerbadas de odio, tristeza y alegría hacia la muerte de un político me resultan distantes porque, que yo sepa, en 212 años nunca hemos vivido algo así en México. ¿Cómo funciona la psicología de quienes lo odian y quieren?